Libertad individual: ¿por qué sí importa?

Top Money Report es un boletín económico y financiero único en su tipo al conjuntar lo más sólido y tradicional del mundo monetario –en especial el oro y la plata– con lo más novedoso: las criptomonedas.
No por casualidad, este newsletter es, asimismo, un espacio en el que se defiende la libertad individual, la propiedad privada, los mercados abiertos y competitivos y el dinero honesto.




Como le hemos explicado en ediciones anteriores, es una afortunada coincidencia causal el que sólo prosperen y alcancen el máximo nivel de desarrollo aquellos países donde las instituciones sociales arriba citadas se hacen valer. Sin libertad individual y sus consecuencias –la propiedad privada, los mercados libres y el dinero honesto– no hay civilización ni progreso posibles, sino barbarie, pobreza y atraso.
Los seres humanos en sociedad fuimos aprendiendo los mejores comportamientos; esto es, aquellos que mejor resuelven las descoordinaciones sociales y que permiten nuestra vida en paz dentro de grupos de población cada vez más grandes.
Gracias a ese aprendizaje y a que en algún momento nuestra especie fue capaz de comprender que vivir en grupo y cooperar dividiéndonos el trabajo mejoraba las probabilidades de sobrevivencia en un mundo cruel y salvaje como el nuestro, en vez de matarnos entre todos, el mundo de hoy –con sus avances extraordinarios– es posible.
Como le digo, ha sido un largo proceso social evolutivo de aprendizaje de los mejores comportamientos en sociedad, y luego la imitación, por parte de otros grupos, de las conductas de los primeros en implementarlas.

Los seres humanos actuamos, y en nuestro actuar elegimos y preferimos unas cosas sobre otras. Ésa es una ley universal e inalterable, que nos permite entender –entre otras cosas– por qué el uso de las matemáticas no sólo no es deseable sino perjudicial, al intentar ‘modelar’ la economía y diseñar ‘recetas’ económicas para resolver las crisis, como por desgracia lo hacen –con graves consecuencias– las escuelas económicas predominantes.
La economía por sí misma, con mercados abiertos y competitivos, tiene los mecanismos que le permiten corregir los desbalances que se presentan entre la oferta y la demanda de bienes. Manipular, pues, mediante la autoridad esos mecanismos naturales genera distorsiones y consecuencias peores que las que se pretendía remediar. (En el apartado siguiente abundaremos al respecto.)
Mientras, insistamos en el hecho de que no se puede manejar, predecir con certeza matemática ni manipular a placer el comportamiento de decenas, cientos o miles de millones de personas, porque cada cabeza es un mundo, y ese mundo cuenta y ejerce su capacidad de actuar y preferir de acuerdo con sus gustos, preferencias, creencias y circunstancias. Una misma persona puede reaccionar de maneras distintas al mismo impulso en diferentes momentos, lo que hace imposible anticipar, sin lugar a dudas, su comportamiento. La economía, como ve, no es una ciencia exacta, por más que algunos quieran forzarla como si lo fuera.
La libertad, entonces, sí cuenta, aunque a muchos les moleste justo porque el mundo sería ‘perfecto’ si todos reaccionáramos como predicen sus modelos o lo deciden sus voluntades. Por eso, la libertad individual es un estorbo para académicos y políticos intervencionistas, quienes ven en su eliminación la oportunidad perfecta de tener su fantástico ‘mundo feliz’. ¡Qué gran falacia!
Como le explico, ha sido duro el aprendizaje que nos ha conducido a tener en el mundo países tan prósperos y desarrollados como los de hoy, y todos –sin excepción– lo han conseguido gracias a economías de mercado.
Ya debería ser suficiente prueba que, en cambio, el 100% de los países socialistas han fracasado, como para repudiar esa ideología, que sólo puede implementarse si se elimina la libertad individual y las instituciones sociales tradicionales que de ella derivan y que hemos aludido antes en este artículo.
Como ya vimos, hay una coincidencia causal tanto entre libertad y prosperidad como entre autoritarismo y pobreza. Derivado de ello, si las economías más abiertas, competitivas y donde se respeta la propiedad privada florecen, ¿qué podemos esperar de aquellas que imponen totalmente lo contrario?
Dicho esto, podrá entender con claridad por qué en países socialistas como Venezuela, la ‘guerra económica’ no la hace una potencia extranjera desde el exterior, sino su propio gobierno desde el interior. Mientras su presidente, Nicolás Maduro, continúe haciendo barbaridad y media, como crear ‘criptomonedas’ como Petro e imponer salarios y precios por decreto, los venezolanos seguirán cayendo en un abismo interminable de escasez y hambre. ¡Alcemos la voz!

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