Una y otra vez. Duarte y los que faltan

Hay noticias que trascienden el tiempo pues solamente cambian los nombres y, quizá, la rimbombancia de sus encabezados. Hay historias que se siguen y se siguen contando desde mi más tierna infancia y décadas antes pues simplemente las cosas no cambian.
Sí, estoy hablando de la corrupción y en particular de Duarte, el nuevo protagonista.

¿Qué pasa, entonces, con este mal tan enraizado? ¿Cuál es el motivo por el cual no parece haber una respuesta a esta dolorosa interrogante? Bueno, puedo decirles con el reduccionismo más básico del problema, que simple y sencillamente seguimos haciendo exactamente lo mismo.

Seguimos con un sistema democrático carente de filtros que no sean los intereses de los partidos, de los políticos, sus conexiones y sus intereses personales; seguimos confiando plenamente en la aparición de un mesías honesto sin ganas de ensanchar sus arcas personales; continuamos creyendo, ingenuamente, que el sistema funciona y son las personas quienes no lo hacen, quienes le fallan y traicionan la muy noble confianza depositada en ellos.

“Solo un tonto cree que haciendo las mismas cosas obtendrá resultados distintos” dicen por ahí con suma razón, lo estamos viendo y lo seguiremos viendo.

Mantenemos nuestras carteras abiertas, a disposición, esperando que en ese siniestro reparto nos toque un poco, sea a modo de ayudas, de un hueso, de programas sociales o ciertas retribuciones surgidas, generalmente, cuando las épocas electorales proclaman el inicio de esta “dádiva”

En lo personal estoy harto, cansado, cada escándalo es más grande que el anterior aunque este mismo pasa al olvido cuando cambia el protagónico, de partido a partido, viendo quien tiene más por esconder.
¿No cree usted, amable lector que me ha acompañado ya por un largo año desde mi inicio en este espacio, que es momento de intentar algo distinto? Empezando por la reflexión ciudadana, individual, de lo mucho que aportamos a este bucle infinito, eterno, doloroso.

Porque sí, cada voto dado a quien promete regalos, dádivas, una parte de esa mal llamada “redistribución” es un signo de aprobación, es un “¡Vamos Duarte!” implícito. Un permiso para que hagan con el dinero honradamente conseguido por el ciudadano lo que mejor les venga en gana y créanme, lo harán, nos guste o no.

Entonces basta de votar por populistas, por paladines de las promesas y obsequios; basta de dejarlos despacharse con la cuchara grande, ¡pongamos atención a lo que hacen con nuestro dinero! Revisemos el presupuesto, digamos no tajantemente a sus bonos abusivos, injustificados. Pongámosle un alto desde la raíz, desde el momento en el que constitucionalmente pueden tomar los recursos del individuo.

Yo ya no quiero más prófugos de cuello blanco, en verdad, pero sé fehacientemente que si hacemos las mismas cosas obtendremos los mismos tristes resultados. Los mismos tristes, miserables y desesperantes encabezados en cada rotativo o espacio de noticas.

Alto, por favor.

“Kohoutek Velasco, miembro fundador de México Libertario. Ni de izquierda ni de derecha; Simplemente lógico. Activista y escritor liberal.”

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