AHORRO = PROSPERIDAD, DISPENDIO = RUINA

Es sorprendente cómo en la historia de la humanidad, la ingenuidad y/o ignorancia de la gente, han sido aprovechadas por embusteros que buscan sacar provecho. La gran crisis por la que atraviesa el mundo, es así la ocasión perfecta para que los mentirosos utilicen sus mejores trucos para engatusar al que se deje. Es por eso que, pese a que nos encontramos en el ojo del huracán de una verdadera depresión, los mayores responsables de este desastre salen a la luz pública para repetir que todo está bajo control, que “no pasa nada”.

Esto aplica para la gran mayoría de las autoridades gubernamentales y monetarias, pero sobre todo a los protagonistas de esta historia: el gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal (Fed), su banco central. Qué tan mal estarán las cosas, que ahora hasta el presidente de esta última dio ya su primera conferencia de prensa.

Cabe recordar que para supuestamente salir de la recesión que provocó la pérdida de millones de empleos, el cierre de empresas y los mayores rescates financieros de que se tenga memoria, se recurrió a típicas recetas keynesianas y monetaristas: expandir el gasto público e imprimir dinero para inundar de liquidez el mercado. Las medidas fueron fortísimas, y en su momento comentamos que sólo servirían para ganar un poco de tiempo, pero que sería inevitable la recaída.
No era muy difícil predecir esto, sobre todo cuando de antemano sabíamos que la crisis fue provocada justo por recurrir a esas mortales herramientas de derroche. El año pasado, ante signos claros de que ese combustible arrojado a la economía se estaba agotando, la Fed anunció una nueva ronda de compra de bonos del Tesoro por 600 mil millones de dólares (QE2) para volver a “revitalizarla”.
En otras palabras, al paciente terminal se le suministró una nueva dosis de dinero para prolongar su agonía. Cada vez que la Fed compra un bono, el vendedor obtiene billetes frescos con los cuales puede hacer lo que le plazca. El razonamiento era que más dinero disponible estimularía el gasto privado, columna vertebral del sistema. La pinza, la cerrarían las finanzas deficitarias del gobierno. El problema es que esa vieja fórmula que antes funcionó en apariencia, llegó al límite por estar basada en algo que por definición no puede crecer al infinito: la deuda.
De hecho, a partir de 1971 en que se abandonó en definitiva el último vestigio del patrón oro, la gráfica oficial de Deuda Total estadounidense (que incluye la del sector financiero, la de los hogares, la pública en todos sus niveles, etc.) es elocuente: su crecimiento exponencial es perfecto como se aprecia en la gráfica de abajo. Al menos así lo era hasta el estallido de la crisis. No es casualidad entonces que el Foro Económico Mundial haya revelado a inicios de este año que el planeta necesita 103 millones de millones de dólares hasta 2020 para cumplir sus metas de crecimiento
¿Será coincidencia que es casi exactamente el doble de los 52.6 millones de millones de Deuda Total que según datos de la Fed tenía E.U. al primer trimestre de 2011? ¿Es posible que la deuda siga creciendo a este ritmo sin cesar? La respuesta contundente en ambos casos es…no.
El decrépito sistema financiero internacional, se aproxima así a su colapso, víctima de sí mismo, por lo que muchas promesas de pago quedarán sin cumplir. A decir verdad no será la primera vez que un castillo de naipes, como lo es todo sistema monetario basado en dinero “de mentiras”, caiga por su propio peso. No obstante, las consecuencias de esta catástrofe económica son inconmensurables todavía, pues con la invención de las computadoras el dinero ya ni siquiera tiene que imprimirse o acuñarse, es imaginario, un simple dígito.
Hoy, los titulares de todos los diarios financieros del orbe dan cuenta a ocho columnas de los “síntomas recesivos” que se vuelven a presentar. Ante eso debemos estar conscientes de que, pese a ser el camino equivocado, las autoridades reutilizarán tarde o temprano los mismos mecanismos fallidos para ganar tiempo, sobre todo estando tan cerca de las próximas elecciones en el vecino del Norte. Agravar las cosas, no les importa.
Por eso, en lo individual sería fatal esperar que otros resuelvan las cosas. Lo mejor, es tomar las mismas previsiones que tomaríamos de saber que un gran terremoto se aproxima, y tener presente dos igualdades que, cuando se llevan a la práctica, son válidas para personas como países enteros: ahorro = prosperidad, dispendio = ruina.
 Twitter: @memobarba
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