¡Basta de cuarentena!

El sábado terminó la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia que comenzó el 23 de marzo, y que debía concluir originalmente el pasado 19 de abril. Este momento es la oportunidad perfecta para corregir el pésimo manejo económico que se ha hecho del brote de Covid-19.

La decisión de detener de golpe la economía nacional con diversos grados de obligatoriedad y confinamiento, convirtió – de forma innecesaria e irresponsable-, una crisis sanitaria en la peor debacle económica en un siglo.

¿Qué orilló al gobierno de la República a “doblar las manos”, cuando de inicio se había resistido a frenar en seco las actividades económicas?

Lo que causó el cambio de opinión del presidente López Obrador fue el pánico general, que se propagó como incendio en pastizal a través de las redes sociales. Las abrumadoras críticas que recibió AMLO desde México y el extranjero por su “pasividad” y desdén ante las medidas que otros países estaban tomando para mitigar los contagios y muertes por el coronavirus, hizo caer rápido la popularidad del mandatario.

Esa baja provocó que AMLO reculara y delegara el poder de decisión en el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, quien seguro cuenta con todas las credenciales sanitarias y académicas para tan alta responsabilidad, pero que no sabe nada de economía. Dicha ignorancia económica fue la que lo llevó a la aplicación radical de su criterio del “quédate en casa” y de suspender, sin justificación, todas las actividades económicas que considerara “no esenciales”.

Pero ¿no es esencial el empleo para quien vive de su trabajo? ¿No es esencial que los pequeños negocios y grandes empresas generen ingresos para mantener su plantilla laboral, pagar impuestos y generar utilidades? No se pensó en ellos. El gobierno “del pueblo” hizo a un lado a quienes producen la riqueza de este país. No los tomaron en cuenta.

En realidad, la prioridad nunca fue la de reducir contagios ni salvar vidas, sino procurar que el sistema público de salud no se viera rebasado (más de lo que siempre ha estado) para no mermar más la popularidad de López Obrador.

Pero que un grupo de burócratas de escritorio decidan qué es “esencial” en materia económica, es lo más cercano que México ha estado de la fallida planificación central comunista, que no por casualidad provocó decenas de millones de muertes por hambre en la antigua URSS y la China de Mao. No sobra recordar que la Unión Soviética se desplomó por la insostenibilidad de su sistema económico, y que China sólo comenzó a prosperar sólo a partir de la muerte de Mao, con la que inició a una nueva era de reforma y apertura bajo el liderazgo de Deng Xiaoping.

Hoy, Rusia y China están mucho más cerca del ser economías de mercado que economías planificadas. Son potencias en ascenso que no volverán atrás, y hay que aprender.

México tampoco debió abrazar – ni siquiera por corto tiempo- esas políticas de planificación destructoras de empleo y riqueza, que cada día que se mantienen generan miles de nuevos pobres.

El Coneval ha estimado hasta 10 millones de nuevos pobres extremos por ingreso en México a consecuencia de esta crisis, pero se quedarán cortos.

Los pronósticos que han considerado estiman una caída del PIB hasta del 6 por ciento en 2020, cuando lo más probable, es que el desplome sea de dos dígitos, es decir, de más de 10 por ciento. ¿No ha notado cómo ya hay más gente de la habitual pidiendo dinero y vendiendo en las calles? Es sólo el comienzo.

Justo por ello, es indispensable y urgente que las autoridades federales, estatales y municipales, inicien la reapertura económica cuanto antes.

Como lo han demostrado las llamadas “actividades esenciales”, es posible seguir trabajando con las medidas sanitarias que todos conocemos, sin que los políticos sean quienes decidan arbitrariamente qué es lo “esencial”.

La reapertura también es cuestión de vida o muerte para millones de mexicanos que no deben ser ignorados.

No permitamos que el falso remedio del confinamiento nos salga más caro que la enfermedad. ¡Basta de cuarentena!

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