El Chapo, Big Star

margarito
Ricardo Homs

Hoy que sale a flote una historia de amor entre Kate del Castillo y el Chapo, este asunto toma un enfoque social de alto impacto mediático.

El narcotráfico ha creado una cultura que está seduciendo a un importante segmento de la población y es la causa por la cual el combate a la delincuencia organizada se complica, porque estimula la complicidad de un importante segmento de la sociedad mexicana.

El Chapo se está convirtiendo en un ícono cultural y mediático que podrá impactar a las nuevas generaciones de mexicanos, trastocando sus valores morales y propiciando en algunos jóvenes el deseo de dedicarse a la misma actividad.

El hecho de que la prestigiada norteamericana revista Rolling Stone, -que además de la versión norteamericana que publica un millón cuatrocientos mil ejemplares-, se edita en 16 países destaque esta entrevista realizada por el actor Sean Penn, -quien a su vez tiene en su historia personal haber sido esposo de la cantante Madonna, además de una destacada trayectoria fílmica-, convierte al Chapo en un mítico personaje mundial.

Si seguimos sumando, a final de cuentas Kate el personaje femenino de esta historia real fue la protagonista de una exitosa serie de TV de la cadena Telemundo, “La reina del sur”, transmitida en 2011 y que seguramente hoy volverá a ser reeditada en la TV para capitalizar este boom mediático que protagonizó su estrella.

¿Cuántas mujeres se sentirán impactadas por esta historia de telenovela que sin embargo es real y por tanto frivoliza aún más, -mediáticamente-, la historia del personaje, perseguido?.

La camisa de marca Barabas, igual a la que en la entrevista de Rolling Stone lucía El Chapo, hace furor en Estados Unidos y seguramente empezará a venderse en otros países y en México, como sucedió con la playera Polo que vestían varios narcotraficantes cuando eran presentados a la prensa después de ser capturados.

Recordemos también que la revista Forbes lo incluyó hasta el 2012 en la lista de los 500 millonarios del mundo, ubicándolo en el número 63 con una fortuna estimada en 1,153 millones de dólares y en 2013 en el lugar 67 de su lista de la gente más poderosa e influyente del mundo, donde aparecen presidentes de países y los más importantes políticos así como los empresarios top y líderes sociales.

La fama construye mitos y leyendas difíciles de erradicar y menos aún de destruir aunque dicha historia no sea verdad.

¿Qué hará el gobierno para competir contra una leyenda que empezará a tejerse y quizá llegue a las pantallas de Hollywood?.

Es notorio que la agente admira a los poderosos que tienen carisma, pues el poder y la fama son muy seductores, trastocando incluso la percepción de los valores morales.

Descalificar al Chapo minimizando aquello que algunos sectores de la sociedad abiertamente le admiran lo victimizará y hará crecer aún más su leyenda.

Nos encontramos ante el reto cultural de mayor impacto social y político, el prototipo de las nuevas historias que proliferan en esta era de la globalización.

Los capos de la generación del Chapo saben manejar su imagen y se presentan como filántropos en sus comunidades y a cambio de ello reciben protección de la ciudadanía, porque a final de cuentas parece que su lado humano proyecta que “no son tan malos como el gobierno y las autoridades les acusa”.

Estos capos realizan en sus comunidades lo que los gobiernos locales y federal dejan pendiente de construir y con ello se ganan a la gente. Donar carreteras, caminos, hospitales y escuelas impacta a la gente sencilla de los sectores vulnerables.

En contraste la imagen deteriorada de los políticos y un gobierno insuficiente para atender las necesidades de toda la población, dejan un espacio que los capos de perfil como El Chapo, -que son los de la generación anterior y que ya ha sido eliminada en su mayoría-, logran llenar a un bajo costo para ellos, pues a cambio de recibir beneficios materiales de forma directa, la gente ignora o prefiere ignorar su lado violento que deja muerte y desolación a su paso.

El carisma elimina lo negativo y sólo permanece vigente la imagen que los mismos capos se han construido.

Lo grave de este asunto es el impacto cultural que puede generar que muchos jóvenes quieran emularlo y seguir sus pasos, haciendo carrera dentro de la delincuencia.

La persona física puede ser dominada, -encarcelando al sujeto o abatiéndolo en enfrentamientos policiacos o militares-, pero su leyenda es aún más peligrosa porque permanece en el tiempo y se acrecienta purificando virtudes inexistentes y eliminando su lado oscuro, propiciando que sea imitado por gente joven e inmadura.

El combate a la delincuencia hoy no puede seguirse llevando sólo en el ámbito policiaco y militar, pues de hacerlo así, estamos ante una causa perdida.

El combate a la delincuencia hoy debe llevar un componente social y cultural que neutralice esta tendencia a idealizar el lado frívolo del estilo de vida de quienes se dedican a la delincuencia. Hoy se requieren estrategias comunicacionales sustentadas en estudios sociológicos y antropológicos que contrarresten el impacto de la narco-cultura.

Pero todo esto no logrará nada si no se reestructura a fondo el sistema judicial, así como el de impartición de justicia para frenar la corrupción y la impunidad, que es el sustento de este grave deterioro moral que propicia la delincuencia y la violencia.

E-mail: ricardo.homs@usa.net

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