¿Cómo dejar de agravar la pandemia? (lectura para gobernantes)

La pandemia en México en su “segundo aire” está resultando peor que en la primera oleada, y los gobiernos – el federal, los estatales y municipales- no están ayudando mucho. De hecho, es lo contrario.

Si lo que se quiere supuestamente es reducir el número de contagios en áreas públicas, están haciendo todo al revés de como deberían. Me explico.

La gravedad del choque económico que dejó el confinamiento en su primera etapa (mismo que aquí también dijimos que era un gran error), ha dejado claro a las autoridades que no es buena idea combatir un mal de salud, generando un mal todavía peor en lo económico que arroje de golpe a millones a la miseria.

Ante ello, la “genialidad” gubernamental ahora se centra en limitar la actividad económica, se supone, con la esperanza de atenuar la transmisión masiva del coronavirus sin tener que cerrar comercios y empresas.

El problema es que, otra vez, en su ánimo de demostrar que están haciendo “algo” contra la COVID-19, las autoridades toman decisiones absurdas que molestan a los usuarios, violan sus derechos y lo peor: ¡generan más aglomeraciones y contagios!

Ejemplos hay muchos de esto en el país: por ejemplo, en Puebla el gobernador Barbosa impuso por primera vez el programa vehicular “Hoy No Circula” – incluyendo fines de semana-, con el único efecto de disparar los casos – y muertos- por COVID. El transporte público se abarrotó y terminaron echando para atrás tal “genialidad”.

En otras entidades – como el Estado de México-, el “talento” del gobernador Del Mazo ha decretado que los negocios “no esenciales” (su gobierno decide qué es “esencial” y qué no) deberán cerrar a las 17:00 hrs. Esto ¡en plena temporada de compras navideñas y hay más gente que nunca! Ahora habrá esas mismas personas o más, pero concentradas en un horario recortado. Absurdo, y peor.

No sólo eso: vaya usted a cualquier tienda o centro comercial, y los accesos y salidas se han reducido al mínimo posible. ¡Increíble!

Los centros comerciales están diseñados para la mayor fluidez posible en la entrada y salida de miles de personas diariamente, por lo que si lo que se quiere es “evitar aglomeraciones”, limitar los horarios, así como las entradas y salidas es una decisión de verdad estúpida.

Se requiere más amplitud de horarios, no menos, como se hizo durante El Buen Fin, que de un fin de semana, se extendió por 12 días.

Lo mismo aplica para las corridas de transporte público. Más que nunca necesitamos el mayor número de unidades disponibles en circulación, ¡no menos!, para que el de por sí saturado sistema de transporte concentre menos gente en su poco espacio.

Señores políticos: corrijan ahora sus errores, o lo lamentarán después.

La pandemia es una grave tragedia que dejará serias lecciones… y víctimas.

El gobierno, las autoridades en general, deben concentrarse en lo que les toca y cada uno asumir sus riesgos y responsabilidades.

El presidente López Obrador, para empezar, debería poner el ejemplo en el uso obligatorio del cubrebocas (sabemos que no lo hará), y los gobernadores, deben dejar de
llevarnos a un estado policíaco al estilo socialista, con controles totalitarios y arbitrarios sobre la población que resultan contraproducentes.

Los ciudadanos, por nuestra parte, cumplamos con nuestros deberes, mantengamos la distancia, usemos la higiene y el cubrebocas, mientras exigimos que se respeten nuestros derechos y que los gobiernos se concentren todos sus esfuerzos en salvar vidas y en resolver las muchas carencias hospitalarias que hay. Mucho ayuda el que no estorba y se concentra en lo que de verdad le corresponde

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