¡Cuidado con las nuevas tecnologías para viejos fraudes!

Esta semana decidí que el tema principal del boletín fueran las estafas. Un amable suscriptor me consultó una opinión sobre si era conveniente participar invirtiendo en una “fintech” (empresa de tecnología financiera) cuyo giro principal es prestar el dinero de los inversores, a personas que utilizan los recursos por alguna necesidad o para un fin productivo.

Es decir, esa empresa funge como intermediaria, más o menos como lo hace un banco: toma el dinero de los ahorradores -a los que les paga una tasa “pasiva”-, y se lo presta a los deudores a una tasa “activa”, por supuesto, mucho más alta.

Con la llamada “Ley Fintech”, este tipo de negocios relativamente nuevos, han comenzado a estar regulados, lo que es muy bueno. No obstante, estar regulado no significa ni que los reguladores y vigilantes harán bien su trabajo, ni que los regulados se portarán bien.

No prejuzgo sobre las intenciones de nadie ni sobre las de ninguna empresa. Es más, pienso que la competencia es más que necesaria y bienvenida al mundo financiero, tan monopolizado por los bancos. La invención de tecnologías como la cadena de bloques (blockchain), abre un mundo de posibilidades infinitas para la creatividad y la acción empresarial.

Sin embargo, en el mismo sentido que el artículo anterior, debemos entender este tipo de inversiones en su justa dimensión.

Si nuestros préstamos -pues eso es lo que hacemos cuando entregamos nuestro dinero al banco o a una “fintech”-, no están respaldados por alguna garantía formal y legal, caemos en el ámbito de una inversión por completo especulativa que pone en control a otra persona sobre nuestro capital.

No solamente se confía en que la empresa hará bien su trabajo de calificar a los solicitantes de préstamo, sino que además creemos que hará bien lo más difícil e importante: cobrarlo.




También estamos de manera implícita, confiando en que de verdad va a prestar el dinero y no sólo a armar un esquema Ponzi que atraiga a más incautos para engañar a los primeros inversores con que les están ganando rendimientos legítimos.

Pero la cosa no para ahí: hay un tercer nivel de confianza o creencia en que NOS VAN A PAGAR lo debido, completo y a tiempo.

Si alguna de esas capas falla -y vaya que puede fallar catastróficamente para desgracia de los inversores-, las pérdidas potenciales son brutales.

¿Entonces no hay que entrarle a estas inversiones tan “apetitosas” y “seguras”? La decisión, como suelo recomendar, le toca a cada uno tomarla, para bien o para mal.




Si después de analizar con la cabeza fría, decide participar en esos negocios, adelante. Mi consejo nada más es que lo tome como lo que es: una inversión altamente riegosa, y como tal, debe considerarla dentro de la sección especulativa de su cartera.

Toda cartera responsable e inteligente está compuesta de activos que van desde los “refugios seguros”, hasta los especulativos, para compensar y combinar riesgos y probabilidades de ganancia.

En Top Money Report preferimos ir “a la segura”, y en hacer crecer a paso constante nuestro capital. Por ese motivo, nuestra ponderación recomendada para activos de alto riesgo, como divisas (Forex), criptomonedas y empresas fintech, entre otras, oscila entre el 10 y el 25 por ciento como máximo, según el perfil del inversionista y su aversión al riesgo.

Si tiene dudas sobre el porcentaje recomendado en particular para usted como suscriptor, no dude en consultarnos por WhatsApp o Telegram.

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Lea el artículo siguiente. ¿Cómo reconocer una estafa (y evitar caer en ella)?

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