La depresión artificial del precio del oro ¿por qué y para qué?

Durante años algunos pocos analistas hemos denunciado la artera manipulación del precio del oro. Esto, mientras otros analistas y medios predominantes desdeñaban estas acusaciones como simples teorías conspirativas que, con el paso del tiempo, se ha confirmado que eran ciertas.

A partir de que EU cerró en 1971 la ventanilla de cambio de dólares por oro a una tasa fija de 35 dólares por onza troy, el planeta inició un megaciclo inflacionario sin precedentes, y cuya intensidad se dispara exponencialmente con cada crisis recurrente que se nos presenta.

Una vez eliminado el molesto límite que el oro imponía al gasto público y a la expansión monetaria sin fin, no hubo más restricción a la creación de dinero “de la nada” que hoy llevan a cabo los bancos centrales más poderosos del orbe como la Fed estadounidense, el Europeo, el de Japón, el de Inglaterra, etc.

El punto aquí es: se puede crear todo el dinero que se quiera, pues ya ni siquiera es necesario imprimirlo – casi todo es digital-, pero en cambio no se puede crear riqueza infinita, esto es, bienes que satisfacen necesidades, gustos y preferencias de las personas.

Crear dinero no es sinónimo de crear riqueza, pero sí, de corrupción monetaria.

Corromper la moneda implica un cruel y artero asalto a los bolsillos de las personas, sobre todo y en especial, de aquellos que trabajan más duro por ganar sueldos y salarios que año con año, valen menos en términos a causa de la inflación.

Nos hemos acostumbrado a la falsa normalidad de que todo suba cuando en realidad, es un síntoma de la enfermedad crónica que aqueja a nuestro sistema monetario.

El “termómetro” que nos permite medir la gravedad de la “fiebre” que dicho padecimiento monetario provoca, es el precio del oro.

Y es que la cantidad de unidades monetarias que se requieren para comprar una determinada cantidad de metal precioso, nos habla inequívocamente de la pérdida de valor del dinero de papel.

Mientras que en 1971 se requerían 35 dólares para conseguir una onza de oro, hoy se pagan casi 2 mil dólares.

En México el caso es aún más dramático, pues mientras que en 1971 la onza de oro costaba 437.50 pesos de entonces, hoy cuesta 41,000,000 (sí, 41 millones) de pesos, que tras la eliminación de los 3 ceros en 1993, se convirtieron en los “sólo” 41 mil pesos que hoy en día pagamos (en teoría) por cada onza troy de oro puro.

Le digo que “en teoría”, porque en el mercado real de oro físico, la onza cotiza entre 45 y 50 mil pesos, y los centenarios (1.2 oz. de oro), entre 54 y 60 mil pesos.

Visto así, se entenderá mejor por qué para la divisa de reserva global, el ‘todopoderoso’ dólar, es cuestión de vida o muerte que el precio del oro no se dispare descontroladamente, pues esto haría a los inversores abandonarlo para siempre.

En la manipulación (depresión) del precio del oro juega un papel protagónico el mercado de futuros, referencial global a partir del cual se celebran todos los contratos de compra/venta del metal.

El problema es que con la sofisticación, los mercados de futuros son más susceptibles que nunca de ser manipulados, y basta una oleada masiva de órdenes de venta para tumbar los precios. Cabe recordar que los mercados de futuros son básicamente contratos que en su mayoría no concluyen con la entrega física, y son cerrados o renovados casi todos antes de su vencimiento.

Así que el precio de mercado de la materia prima dinero, del dinero por excelencia, es determinado por un colosal mercado de “oro de papel” que nada tiene que ver con la realidad del mercado tangible, pero que es muy útil para los fines de mantener deprimidas las cotizaciones que todos usan como referencia.

Un simple botón de muestra de esto llegó la semana pasada, cuando el poderoso banco JP Morgan pagó la sanción más alta de la historia de la Comisión del Mercado de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés): 920 millones de dólares por la manipulación del mercado de metales preciosos.

El pago incluye una multa de 436.4 mdd, más 311.7 mdd de restitución a contrapartes afectadas por sus malas prácticas y 172 mdd de devolución de ganancias ilegales. Algunos de sus ‘traders’ enfrentan cargos criminales y podrían terminar en la cárcel.

A pesar de todo, lo más destacado es que en el largo plazo, ni siquiera los esfuerzos conjuntos de todos los bancos centrales y comerciales juntos, son capaces de evitar el ascenso inevitable del oro.

Esa, estimado suscriptor, es la razón de que la base fundamental de cualquier sólida cartera de inversión – personal, empresarial o nacional- tenga que ser siempre de oro sólido, contante y sonante. Dinero real incorruptible. Dinero empoderado por la gente, no impuesto por el gobierno.

Descargo de Responsabilidad

Toda la información, opiniones y/o cifras financieras presentados aquí son sólo para propósitos informativos y/o educacionales. De ninguna manera constituyen tipo alguno de consejo financiero o de inversión. La información presentada aquí podría contener imprecisiones. Diariamente las situaciones y condiciones del mercado cambian. Cada inversionista o persona interesada debe hacer siempre su propia investigación para definir qué es lo mejor para sus intereses de acuerdo a su perfil de inversión. Usted asume esa responsabilidad y riesgos por todas las decisiones que tome, basándose en dicha investigación. El autor o autores de los artículos publicados en este portal, no da(n) ningún tipo de garantías, explícitas o implícitas, sobre la precisión de la información o los resultados obtenidos usando ésta. Aquéllos que tomen decisiones de inversión basándose en la información aquí expuesta, deberán hacerlo sabiendo que pueden experimentar pérdidas importantes. En ningún caso el autor o autores será(n) responsables, directos o indirectos, de los daños que resulten por el uso de esta información. Asimismo, los anuncios exhibidos en este blog son responsabilidad directa de los propios anunciantes. El autor no hace ninguna recomendación directa o indirecta de ningún proveedor, ni asume responsabilidad por la buena o mala calidad de los productos y/o servicios que ofrecen. Dicha responsabilidad reside exclusivamente en el prestador del servicio o vendedor del producto y en sus eventuales clientes."