¿Necesitas un plan personal de retiro?

Pensar en el retiro al llegar a la tercera edad, es un deber que nadie que se precie de ser responsable de sus finanzas puede pasar por alto. Contrario a las ideas socialistas que muchas veces nos inculcan en la escuela desde niños, nadie más que uno mismo es responsable de su futuro y bienestar financiero al llegar a viejos.

Por desgracia, esa mentalidad socialista aludida arriba, nos ha llevado a creer que es responsabilidad de los empleadores y del gobierno velar por el “retiro digno” de los trabajadores, acompañado de una pensión de la cual vivir cuando ya no se pueda o ya no se quiera trabar.

Son múltiples las razones de esa mentalidad socialista respecto al retiro, pero quizá la más profunda es la propia corrupción del sistema monetario actual, que está basado en la emisión continua de dinero.

Dado que nuestra moneda no es más que un pasivo del banco central, que a su vez no tiene respaldo más allá de la deuda pública del país que la emite, el propio sistema se convierte en un auténtico círculo vicioso en el que, para pagar la deuda original más sus intereses, se necesita emitir más deuda y dinero, y para pagar esta última, se necesita otra vez más deuda y más dinero creado “de la nada” (en realidad, de más emisión de deuda).

¿Cuál es el resultado? Una “bola de nieve” de crédito/deuda que crece exponencialmente, y que en el camino, va inflando burbujas financieras que al estallar, generan las conocidas crisis recurrentes con peores consecuencias cada vez.

A causa de esa continua “inflación” monetaria, ahorrar en una divisa cuya emisión desenfrenada la condena a la pérdida de valor en el tiempo, carece de sentido.

¿Para qué ahorrar en una moneda que cuando más necesitaré de su poder adquisitivo (al llegar a la edad de retiro) valdrá mucho menos que cuando la ahorré? No tiene caso.

El incentivo del sistema monetario actual es perverso: hay que gastar lo antes posible el dinero que ganamos, pues guardarlo, significa ver cómo se esfuma su poder de compra.

Son muchos los intentos de solucionar por la vía equivocada – la de la imposición gubernamental- esta situación, lo que nos ha llevado al ahorro obligatorio de trabajadores formales concentrado en las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores).

No sorprende que diversos estudios y proyecciones hayan revelado que el ahorro de estas cuentas individuales será insuficiente para que la mayoría de trabajadores se retire con una pensión superior a la mínima garantizada. Eso, sin contar que 6 de cada 10 empleos en México son informales, y por tanto, no acumulan ahorro en afores.

Para compensar esa situación se busca “parchar” esa insuficiencia alentando a los trabajadores para que ahorren voluntariamente en sus afores, pero por desgracia, tampoco les alcanzará de esta manera, y a cambio, están sacrificando un capital que podría estar mejor invertido por ellos mismos con la asesoría adecuada (como la que compartimos en nuestro boletín Top Money Report).

Es entendible entonces que sean las propias personas las que busquen alternativas en estrategias financieras como los llamados “planes personales de retiro” (PPR), pero que en el fondo, tienen el mismo problema que las afores: los inversores entregan su capital a terceros confiando en que hagan un buen trabajo con su dinero.

No es propósito de este artículo profundizar en dichos planes, ni mucho menos criticarlos. Al contrario. Quien contrata un PPR está sin duda en una mucho mejor posición que aquellos que no lo tienen, con ventajas fiscales en el corto plazo, y tal vez con una mejor pensión en el muy largo plazo.

Sin embargo, la pregunta es: ¿realmente es indispensable un PPR para lograr un retiro digno? La respuesta es no.

De hecho, se debe tener cuidado en que instrumentos financieros como los seguros, fondos de inversión y PPRs, entre otros, no se conviertan en una carga financiera como si se tratara de pasivos (deudas) en lugar de activos (inversiones).

En mi experiencia como asesor financiero, me he topado con muchos casos en los que el inversionista ha caído en tal exceso de acumulación de compromisos de pago de seguros (como los que después de un largo plazo prometen pagar la suma asegurada contratada) y PPRs, que se convierten en un lastre que desgasta y que puede terminar con la cancelación anticipada de contratos y costosas penalizaciones.

Para evitar eso, cualquier inversor interesado en su retiro, sin importar si se trata de un empleado, autoempleado o empresario grande o pequeño, debe asumir la responsabilidad de la administración de su propia cartera de inversión.

La educación financiera de la vida real exige aprender, invertir por uno mismo, cometer errores, asesorarse de forma profesional y repetir el proceso hasta que nuestra cartera de activos financieros se afine y actualice de forma constante según los ciclos del mercado y nuestro perfil como inversionistas.

Si a pesar de ello se quiere seguir teniendo un PPR, está muy bien como complemento, nada más. Mientras tanto, seguiremos construyendo un sólido patrimonio de activos que nos asegure no sólo un retiro digno, sino un mejor nivel de vida del que podamos disfrutar a lo largo de nuestra carrera productiva. Tómelo en cuenta.

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