NUEVOS MODELOS DE FAMILIA… NUESTRA NUEVA REALIDAD SOCIAL

margarito
Ricardo Homs

El presidente Peña Nieto ha enviado al Congreso de la Unión iniciativas que significan un impacto radical en el sociedad mexicana, como lo es la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y que estas parejas puedan ejercer el derecho de adopción de menores de edad.

A su vez, varias instituciones de la Iglesia Católica se han manifestado, respetuosos de la decisión presidencial, pero inconformes. Seguramente en muchos sectores de la sociedad saldrán posturas radicales de rechazo.

Ambas iniciativas presidenciales modifican totalmente la visión tradicional de la familia mexicana, modelo denominado “familia nuclear”, la cual está conformada por dos padres de diferente sexo y los hijos.

Es necesario entender el contexto social de hoy para comprender que desde el ámbito gubernamental no hay más camino que sumarse a este movimiento global en pro de los derechos de segmentos específicos de la sociedad que manifiestan preferencias sexuales distintas a la mayoría de la población.

La sociedad actual es incluyente y por tanto, hoy integra a grupos que tradicionalmente fueron segregados. Aceptar esta realidad, caracterizada por la diversidad, es un acto de justicia social.

Sin embargo, el hecho de que jurídicamente se respete el derecho individual de cada ciudadano a escoger el modelo de vida que más le satisface, no quiere decir que quienes hemos optado por la familia tradicional no tengamos el derecho de esforzarnos por preservarla, enriquecerla y adecuarla a las condicionantes del actual estilo de vida.

Que tratemos que nuestros hijos reconozcan el valor del modelo familiar en que se les ha criado. Pero si en el futuro optan por un modelo diferente, habrá que respetar su decisión.

Es muy importante evitar las confrontaciones morales que dividen a la sociedad. Por tanto, el eje de la convivencia sana y enriquecedora es el respeto a los valores de los demás, aunque sean diferentes a los nuestros.

Esto es un camino en dos vías, pues el respeto debe ser recíproco. De nosotros hacia quienes tienen preferencias diferentes, pero también de ellos hacia quienes optamos por el modelo tradicional.

Debemos reconocer que vivimos en una crisis moral que nos está llevando al camino de la violencia, la intransigencia y la falta de respeto por los demás.

Acoso sexual, feminicidios, bullying, agresiones, extorsiones, asaltos, secuestros, corrupción y otros delitos nos ponen en evidencia esta crisis moral.

La familia siempre fue el eje de la cohesión social y el lugar donde se iniciaba la formación moral de los hijos. Hoy que se ha perdido la cohesión familiar, vemos que los hijos se forman y maduran emocionalmente con amigos, adoptan los valores que circulan como moda en redes sociales y se dejan impactar por lo que ven a través de la TV y el cine.

Debemos reconocer que el estilo de vida contemporáneo es disgregador, principalmente en las grandes ciudades. Los tiempos aquellos en que la familia se reunía a comer y en la noche a ver TV, ya es cosa del pasado en las metrópolis y tiende a desaparecer en las ciudades en crecimiento. Cada quien come cerca de su trabajo y en casa cada quien prende su propio televisor o se encierra en sí mismo para conectarse a las redes sociales

La convivencia de antes fortalecía la identidad grupal y el sentido de pertenencia, así como el de protección. Aún las familias matriarcales, estaban unidas.

Sin embargo es imposible volver al pasado sin que ésto tenga un alto precio en confrontación y conflicto. Debemos aceptar esta nueva realidad.

Por tanto, lo urgente es rescatar el sentido de familia, sea del modelo y tipo que fuere; ya sea familia nuclear o familia formada por padres de un mismo sexo. Esa es nuestra nueva realidad.

Mantener unida a una familia implica un gran esfuerzo y sacrificar un poco de libertad cada uno de los padres, para adecuarse al resto de la familia.

Que bien le vendría a México una gran cruzada a favor del rescate del modelo de familia, sea del tipo que fuere.

Si en lugar de confrontar una decisión política y jurídica como la que tomó el presidente de la república invirtiéramos ese esfuerzo, tiempo y recursos en promover los valores del tipo de familia en que nosotros creemos, seguramente podremos rescatar la tranquilidad y la paz social que estamos perdiendo día a día.

No perdamos el tiempo en cuestionar esta decisión jurídica. Entorpecer su aprobación sólo retrasará su aplicación, que tarde o temprano sucederá. Mejor invirtámoslo en promover el modelo de familia en el que nosotros creemos y entonces si podremos hacer cambiar a este país.

La mejor forma de promover nuestros valores morales, es con el ejemplo de nuestra propia vida. Asumiendo el rol de padres con responsabilidad, estando más cerca de nuestros hijos, física y emocionalmente para poder guiarles en los momentos críticos, esos que pueden impactar su vida.

E-mail: ricardo.homs@usa.net

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