OPTIMISMO OFICIAL EN MÉXICO

Hace algunas semanas, el secretario de Hacienda se lució con una pifia que opacó la nota que quería presumir: la del crecimiento de la economía mexicana en 2010. Sólo para recordarlo, aquel resbalón fue conocido por decir que con seis mil pesos de ingreso mensual, había mexicanos que pagaban casa, carro y escuela privada para sus hijos, al más puro estilo de la canción “Peso sobre peso” del famoso Chava Flores. Pues bien, Ernesto Cordero sigue dando de qué hablar, y si antes nos hizo recordar a la “Bartola” de la canción, ahora hace lo propio con aquel personaje conocido como “La Chimoltrufia”.

Y es que en menos de una semana, ha mandado mensajes bastante contradictorios. Al más puro estilo de la creación de “Chespirito” (que repetía su frase de “así como digo una cosa, digo otra”), primero el lunes declaró que la reciente alza en los precios del petróleo significaban una amenaza mayúscula para la economía del país. En lo que parecía una esperada entrada en razón, admitió abiertamente también que nuestra recuperación está en función de la de Estados Unidos, y que la apreciación del peso se está convirtiendo en una “mala noticia” para las arcas nacionales, al recibirse menos pesos por cada dólar que ingresa.
Sin embargo, sólo un día más tarde, el secretario pareció olvidar los riesgos de los que hablaba por el alza del crudo, al referirse a “una fuerte posibilidad” de que el PIB en 2011 crezca a una tasa aún mayor que la del año pasado, de 5.5 por ciento. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Le debemos creer al Cordero realista o al optimista?
Queda claro que la primera perspectiva luce más sustentada, en un escenario que cada vez se asemeja más a una tormenta perfecta para los precios del crudo. A factores como la creación masiva de liquidez monetaria (a cargo de los principales bancos centrales), las apretadas reservas petroleras mundiales y la demanda creciente, se suman ahora la inestabilidad política en Medio Oriente, África del Norte y la crisis nuclear japonesa; todos, elementos que fortalecen su tendencia alcista. Aunque todavía estamos lejos de los máximos históricos (alrededor de 150 dólares el barril) vistos en 2008, la cotización ya está de nuevo arriba de los 100 dólares. Las probabilidades de una recaída económica mundial, avanzan a la par de los precios del oro negro. Por eso se antoja muy complicado que nuestro principal motor, Estados Unidos, pueda vigorizar su producción en un marco de combustible caro.
Eso sí, no debemos perder de vista que el petróleo y sus derivados, con todo y su importancia, forman parte de las materias primas. En este sentido, otras aún más importantes como los alimentos, están experimentando encarecimientos por razones similares, y que en conjunto merman a diario la capacidad de compra de la gente. Eso explica en gran parte, por qué la recuperación que tanto anuncian en los medios genera serias suspicacias. ¿O acaso de veras estamos mejor con gasolina y tortillas más caras?
Ahora que si el bando de los optimistas quiere conservar los adeptos que tiene, que no voltee a Europa ni a ver las cotizaciones del dinero real (oro y plata), pues corre peligro de irse de espaldas. Ayer mismo el oro tocó un máximo histórico por arriba de 1446 dólares la onza, y la plata uno de 31 años en 38.09 dólares/oz, mientras Europa se cimbra ante la inminencia de un rescate financiero para Portugal.
Visto de esta manera, tal vez Ernesto Cordero quiso remediar el descontento que generó con la anécdota de los seis mil pesos, ideando una manera de estar siempre en lo correcto, como aquella trampa en los “volados” en que uno dice: “sol, yo gano; águila, tú pierdes. De ser así, ¿usted de qué lado lo apoya?
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