Oro, el activo indispensable en su cartera

El oro es un activo indispensable como cimiento de cualquier cartera de inversión, porque es un activo sólido, con una demanda permanentemente insatisfecha (que le da su valor), indestructible, y es el único que no es al mismo tiempo un pasivo (deuda) de alguien más.

Por lo tanto, siempre y cuando esté en físico es un seguro financiero que jamás valdrá cero, no desaparecerá nunca y aunque el resto de su cartera financiera quebrara, o se desplomara a un valor de cero por cualquier circunstancia, el oro físico estará ahí para salvarlo.

El oro es poder, y por eso, la regla dorada del mundo político- económico es: quien tiene el oro pone las reglas.

Con oro físico su cartera se empodera. Sin él, se debilita.

Ni siquiera el oro en ETFs (fondos cotizados) o a través de empresas mineras es tan bueno como el físico, porque esa forma de tener el metal precioso SÍ ES un pasivo (deuda) de alguien más.

Así que, por eso, el cimiento indestructible de toda cartera debe ser el oro físico, el más seguro de los activos, y a partir de ahí construir los “muros, techos y acabados” con activos de mayor riesgo y (quizá) potencial de ganancias.

Gracias a la inyección masiva de liquidez (“impresión” de dinero digital y de papel sin respaldo físico de valor) que están haciendo todos los bancos centrales del mundo para “estimular” la economía tras la pandemia, el precio del oro seguirá escalando de manera consistente en todas las divisas del mundo, y claro, aún más en las más débiles como el peso y todas las monedas latinoamericanas.

Nada de esto es algo nuevo, pero el alza se reforzará. Recordemos cómo a principios de este siglo, el centenario en pesos mexicanos valía aprox. $3,500.00.

En 2020, el máximo histórico del centenario llegó ya a los 60 mil pesos, y seguirá escalando. ¿Por qué?

En lo externo, porque como le digo, todos los estímulos monetarios implican crear deuda y dinero de la nada. Ambos factores son el combustible perfecto para el precio del oro, que es la “vara de medición” frente a la que se compara el valor de todas las divisas del orbe.

En lo interno, porque México está haciendo mal las cosas. El déficit público quizá no se note en los números, pero ya se ve en la escasez de medicinas para enfermos con cáncer, en el “pase de charola” disfrazado de cuotas voluntarias de los servidores públicos, en las computadoras que les retiraron, en la falta de agua en las dependencias públicas, en la nula inversión en infraestructura más allá de los caprichos presidenciales de Dos Bocas, el Tren Maya y Santa Lucía; etc.

Claro, seguiremos cumpliendo con el servicio de la deuda público, pero poco a poco somos percibidos como un país con un riesgo de impago creciente. Ese riesgo en realidad es mucho más alto de lo que se cree, si consideramos que Pemex ya está incumpliendo con el pago a sus proveedores, sus pérdidas están en máximos históricos y se le sigue inyectando capital.

Echarle “dinero bueno al malo” es una fórmula segura para el desastre económico.

Por eso, para proteger sus ahorros e inversiones, busque el refugio seguro del oro. Quedarse mayormente en pesos es confiar en que el gobierno actual está haciendo bien su trabajo, y está claro que ese es un gran error.

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