Oro, en oportunidad de compra no vista en 40 años

La regla de oro en el mundo de los negocios y las inversiones es: compra barato y vende caro. Por eso resulta paradójico que, contra la lógica que todos aplicamos en nuestra vida diaria – en la que disfrutamos y aprovechamos precios especiales, rebajas y descuentos-, en la esfera de las finanzas los instrumentos y activos más atractivos para la mayoría son aquellos que han estado subiendo más, y por tanto, están más caros.

La explicación no es lógica sino emocional: cuando los precios en los mercados financieros se desploman, hay desánimo y miedo, lo que desalienta las compras baratas. Y al contrario, cuando dichos precios se ubican en niveles altos, incluso máximos históricos, la ambición de seguir ganando impulsa compras emocionales cuando el riesgo es comparativamente más elevado que cuando el mismo activo se cotizaba bajo.

No obstante, para quien sabe invertir, las bajas en activos subvaluados, esto es, con sólidos fundamentos de oferta y demanda, son una bendición.

Justo ahí se encuentra el oro en estos momentos.

Y es que con la reapertura y el inicio de la recuperación económica en Estados Unidos primero, y después en el resto del mundo, además de los mayores “estímulos” fiscales y monetarios que se hayan inyectado jamás, las presiones inflacionarias han comenzado a asomarse en todo el planeta.

La escalada de precios que hemos visto en México en productos básicos, gas doméstico y gasolina, es sólo el comienzo. La oleada inflacionaria comenzará a presentarse de manera lenta pero consistente en todas partes.

Un síntoma claro del ajuste de las expectativas inflacionarias puede verse en la caída de los precios de los bonos estadounidenses, reflejada en la rápida subida de sus tasas de rendimiento.

El referencial bono estadounidense a 10 años, hace justo un año, pagaba un rendimiento de 0.612 por ciento que, al cierre de la semana pasada, era ya de 1.714 por ciento.

En México, el bono gubernamental con el mismo vencimiento a 10 años, se encuentra más o menos en los mismos niveles de hace un año, pero la lectura correcta se observa al comparar cómo se han disparado sus tasas en lo que va de 2021, al pasar de 5.28 a inicios de enero, a 6.84 por ciento al corte de marzo.

En este contexto, resulta paradójico que el oro – el mejor y más seguro activo refugio que existe contra la inflación- haya tenido su peor inicio de año en casi cuatro décadas, y su peor desempeño trimestral en más de cuatro años, lo que enciende con toda su fuerza las siempre esperadas luces verdes de la oportunidad de compra.

El rey de los metales tocó fondo el 30 de marzo en 1,677.55 dólares la onza, y ha retomado un nuevo impulso alcista. Sin embargo, históricamente el segundo cuarto del año no suele ser de grandes alzas para el oro, gracias a lo cual, esperemos que la histórica oportunidad de compra que tenemos enfrente se prolongue lo suficiente para comprarlo en físico de forma masiva a precio de ganga antes de que regrese a precios récord por encima de 2 mil dólares la onza.

Algo muy importante a destacar es justo que el precio del oro físico, a pesar de las (manipuladas) caídas que se presentaron en el referencial mercado de futuros, no han bajado al mismo ritmo. De hecho, de nueva cuenta se observó una desvinculación entre el mercado “de papel” y el de oro físico, pues este último, se mantuvo fuerte con precios más altos que ampliaron los diferenciales entre el precio de referencia “imaginario” de futuros, y el real en el mercado físico.

Cada vez que el mercado de futuros, en papel, se desploma, provoca el mismo efecto: el oro físico “desaparece” de la circulación, y sólo vuelve a haber inventarios disponibles una vez que el precio se recupera a niveles realistas. Por eso, como cimiento de toda cartera de inversión financiera, si no tiene suficiente oro, o peor aún, si no tiene nada, es la hora de comprar.

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