¿Otra Gran Recesión o Gran Depresión?

El clima económico sigue cambiando a una velocidad vertiginosa. Durante los últimos dos años pasamos de temores de “leve” recesión en Estados Unidos, a un crecimiento sólido, y de nuevo a una inminente caída de golpe a causa de la cuarentena global por coronavirus.

Esto es muy importante: tenemos que ver más allá de la actual coyuntura, pues ya no se trata solamente del Covid-19. La actual frenada económica en seco tendrá un fuerte impacto en el PIB global, y si antes estaba descartada una recesión mundial en 2020, ya no lo está, con independencia de si se encuentra pronto una cura o vacuna para el nuevo virus.

Con la mayor parte de Europa y Estados Unidos encerrados en casa para mitigar la velocidad de los contagios, esta vez ha sido una enfermedad y no una quiebra bancaria, ni la de ningún país, ni una guerra, el detonante de una recesión que se había demorado demasiado en llegar.

El interminable ciclo de auge y crisis en que nos encontramos inmersos, a consecuencia de la intervención de gobiernos y bancos centrales en la economía para estimular el crecimiento desenfrenado de la deuda, ha tenido en Estados Unidos su período más largo de expansión sin caída desde que se tiene registro. Y es que desde 2009, ya son 11 años al alza.

El punto es: ¿puede la economía crecer sin caer desde más alto, cuando los alfileres que la sostienen son los de una deuda global exponencialmente creciente? Claro que no. La parte “fea” de las deudas es se tienen que pagar, y si se expanden de manera irresponsable -que es como “estimulan” la economía-, los impagos tarde o temprano llegan creando una reacción en cadena. Volverá a pasar.

Según el Buró Nacional de Investigación Económica de la Unión Americana (NBER por sus siglas en inglés), han habido 33 ciclos económicos en ese país entre 1854 y 2009. El promedio de duración del crecimiento ha sido de 3.2 años, y el de contracción 1.5 años, con lo que en promedio un ciclo tarda casi 5 años en completarse.

La mayor contracción registrada fue la Gran Depresión de 1929 que se prolongó por más de 3 años y medio. La segunda más larga fue la Gran Recesión que empezó en 2007 y duró sólo un año y medio gracias -otra vez- a la hasta entonces mayor inyección de estímulos y liquidez de la historia.

No podemos saber de antemano cuánto durará esta recesión si así se confirma, pero es un hecho que estamos en las primeras etapas.

Los próximos cuatro o cinco meses serán los más críticos para la salud pública y la de los mercados financieros.

La buena noticia para nosotros como inversores es que justo en períodos de pánico es cuando la mayor transferencia de riqueza ocurre: por necesidad o miedo, miles o millones de inversores liquidan posiciones en toda clase de activos para hacerse de liquidez (efectivo) en divisas fuertes -sobre todo en dólares-, y con ello desploman los precios de esos instrumentos.




Con ello se abre una ventana de oportunidad para compradores racionales, que saben que no importa qué tan profundo sea el desplome, la recuperación de aquellos activos con buenos fundamentos por el lado de la demanda, tiene que llegar.

¿Qué puede tener mejor fundamento que aquello que proporciona liquidez (poder de compra) en un mundo inundado de riesgo de impago por la burbuja de deuda?

En tiempos de turbulencia financiera no son el oro ni el dólar “per se” los refugios que todos buscan, sino la liquidez.

Eso explica por un lado por qué mientras que se desploman los metales preciosos monetarios en el mercado de futuros, los precios de las monedas, barras y lingotes se mantienen o incluso suben.




Se venden miles de contratos electrónicos, pero los dólares obtenidos de esas ventas se van al dinero en efectivo en divisas fuertes, y a los metales preciosos físicos.

Esa tendencia seguirá mientras haya miedo de que una gran quiebra de una empresa o banco pueda suceder, y será aún más fuerte si ese peligro se materializa.

Veremos si la nueva ronda de estímulos monetarios globales (baja de tasas de interés, estímulos fiscales, compra de bonos, etc.) alcanza de nuevo para hacer rebotar la economía global una vez que pase la crisis del coronavirus, pero lo único seguro, es que no resolverá el problema de fondo -la burbuja de crédito-, y que más adelante volveremos a caer desde más alto.

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