¿Por qué sigue bajando el dólar?

En finanzas como en la vida misma, muchas veces las creencias y percepciones son más importantes -en el corto plazo-, que la realidad. Y le digo que eso ocurre en el corto plazo, porque a la larga, aquella desdeñada realidad objetiva suele despertarnos de golpe con un balde de agua fría.

Esa analogía nos sirve para ilustrar lo que está ocurriendo con el peso mexicano, que vive una especie de “fiesta” que lo ha mantenido en una tendencia de apreciación desde agosto del año pasado.

Y es que una vez que han quedado alejados los temores de una cancelación del TLCAN (próximamente T-MEC), y de una recesión en Estados Unidos, los inversores están nuevamente más propensos a correr riesgos en Norteamérica. Esto, mientras la debilidad económica en Europa, China, y las tensiones en Medio Oriente, continúan alejando inversores de aquellas regiones.

Esa es la principal razón externa de que este año, las bolsas en Estados Unidos se encuentren haciendo máximos históricos, de que el dólar se haya fortalecido frente a otras divisas “fuertes”, y de que el peso mexicano se siga apreciando en 2020.

En lo interno, las relativamente altas tasas de interés en México respecto a la Unión Americana y otros países, continúa atrayendo capitales. Es esa compra de pesos la que revitaliza a nuestra moneda, pero no en lo fundamental sino en lo especulativo.

El tipo de cambio cerró este viernes en 18.78 pesos, su mejor nivel en lo que va del sexenio de López Obrador, quien un día sí y otro también, presume estos movimientos del mercado como si fueran un mérito propio. No es así.

De hecho, hay una clara desconexión -que es más común de lo que podría esperarse en el mundo financiero- entre los débiles y cada día peores fundamentos de la economía mexicana, y el atractivo de nuestros mercados financieros.

Dicho de otro modo, la economía productiva en México sigue mal y de malas, sumida en una (todavía) leve recesión que inició el último trimestre de 2018 (cuando se canceló el Nuevo Aeropuerto), con pronósticos de crecimiento continuamente a la baja, caída en la inversión, débil demanda que se refleja en la baja inflación, etc., mientras por otro lado hay un apetito voraz por papeles de deuda de Pemex y del gobierno mexicano, reitero, por los altos rendimientos que pagan, no por la “elevada confianza” que inspira el gobierno.

Para tener una mayor claridad, en Alemania y Japón los bonos gubernamentales pagan tasas negativas en vencimientos a 10 años (es decir, en vez de dar rendimientos dan pérdidas a quien los compra), mientras en EU y México los bonos a dicho plazo pagan 1.68 y 6.83 por ciento, respectivamente. La disparidad, es evidente.

Ese diferencial en tasas de interés continúa incentivando la vieja práctica especulativa del “carry trade”, que consiste en endeudarse en dólares a tasas bajas, y prestar ese mismo capital en México a tasas más altas. Los especuladores obtienen así casi “sin riesgo” (nótese el entrecomillado) una jugosa ganancia por traspasar el dinero de unas manos a otras, de un mercado a otro. Para México pues, abunda el crédito.

Ante esta abundante oferta, Banco de México (Banxico) ha sido cuidadoso y pausado en sus recortes a las tasas de interés. Desde que comenzó su ciclo bajista de tipos -también en agosto de 2019-, su tasa objetivo de fondeo a un día ha sido recortada de 8.25 a la actual de 7.25 por ciento. Estos 100 puntos básicos no son poca cosa, pero queda claro que el mercado con su abundancia de recursos va varios pasos adelante de Banxico, lo que ha provocado que las tasas de corto plazo estén bastante por debajo de la tasa objetivo, pero por encima de las de mayor vencimiento. En consecuencia, ha ocurrido una inversión de la curva de rendimientos (que normalmente debe ser ascendente), que se mantiene en el país (ver gráfico abajo).

Con su exceso de cautela en la baja de tasas, Banxico podría estar provocando un abaratamiento artificial de la deuda de corto plazo (que se refleja en rendimientos altos) con respecto a los bonos con un vencimiento más largo (que se encarecen por una demanda elevada, que se expresa en tasas más bajas). Recuerde: a mayor precio de un bono, menor su rendimiento; entre más barato sea, más alta será la tasa que paga (y más elevado su riesgo).

Visto así, tiene sentido que las apuestas alcistas a favor del peso se encuentren en niveles máximos históricos, como se ilustra en el gráfico siguiente del informe semanal COT (Commitments of Traders) de la Comisión del Comercio de Futuros sobre Materias Primas (CFTC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que muestra el tamaño de la posición neta larga (alcista) a favor de nuestra moneda en el mercado de futuros de ese país:

Traducción: los especuladores financieros están muy optimistas, y esa autocomplacencia alimenta más y más los flujos de capital que fortalecen al peso, lo que aumenta las ganancias en dólares de los especuladores que así aumentan más su optimismo y así sucesivamente. La “burbuja” así se inflará e inflará hasta reventar, y la fiesta se acaba súbitamente. Será entonces cuando dejemos para siempre atrás los actuales niveles de tipo de cambio. No tenga la menor duda.

Desde enero de 2017, cuando llegó a su máximo histórico de 22 pesos por dólar, el nivel más bajo del tipo de cambio ha sido de 17.44 unidades alcanzado en julio de ese mismo año. De manera que si la tendencia de apreciación continúa como esperamos, no sería extraño ver mínimos de 18 pesos o incluso menos a lo largo del año. Como siempre, los pronósticos se ajustarán según vayan ocurriendo los movimientos del mercado.

Mientras tanto, debemos tener claro que este período de calma financiera, es una extraordinaria buena noticia, pues nos permite seguir minimizando nuestras tenencias de pesos a precios cada vez mejores.

No por ver el árbol dejemos de ver el bosque completo: los fundamentos de la economía mexicana se siguen debilitando bajo la administración de López Obrador, y lo que hoy es una desconexión entre la economía productiva y la financiera, más tarde se materializará en un crudo despertar a la realidad.

En Top Money Report aconsejamos a nuestros suscriptores ser cautos en estos momentos de optimismo; ya vendrán los días de nosotros ser los optimistas -mientras recogemos buenas ganancias-, cuando los demás vean pérdidas y un negro panorama por doquier.

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