REFORMA FISCAL (Segunda de tres partes)

PESOS Y CONTRAPESOS

En la primera entrega presenté una primera aproximación a la propuesta a favor del Impuestos Único (ni uno más), Universal (sin excepción, ni de bienes y servicios, ni de contribuyentes), Homogéneo (la misma tasa en todos los casos), al Consumo (no al ingreso, no a la propiedad), que haría posible recaudar más cobrando menos impuestos.
Si el año pasado, en vez de haberse cobrado, a nivel federal, 14 impuestos distintos, se hubiera cobrado un solo impuesto del 15.34 por ciento a la compra de bienes y servicios, tanto para la producción (compras de las empresas), como para el consumo (compras de las familias), se hubiera recaudado lo mismo que con los 14 impuestos: al valor agregado, sobre la renta, sobre autos nuevos, al comercio exterior, y los diez especiales sobre producción y servicios.
El Impuestos Único, Universal, Homogéneo al Consumo, IUUHC tendría ventajas, entre las que destacaría el aumento en la competitividad del país, en la capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, precisamente lo que nos urge en México. ¿Cuánta más inversión directa no tendría lugar en México si el único impuesto que tuvieran que pagar las empresas fuera el IUUHC? ¿Y que pasaría si, con el fin de apuntalar más la competitividad del país, no se les cobrara impuestos a las empresas?
Necesitamos un gobierno y necesitamos financiarlo. La mejor manera de hacerlo es por medio de impuestos. ¿Cuáles causan menos daño? ¿Los que gravan la producción de riqueza o la destrucción de riqueza? La riqueza consiste en los bienes y servicios con los que satisfacemos nuestras necesidades, que tienen que producirse, lo cual depende de las inversiones directas que realicen las empresas. La destrucción de riqueza consiste en el consumo de esos bienes y servicios. Causan menos daño los impuestos que gravan el consumo que los que gravan la producción: no desincentivan las inversiones directas.
El año pasado, con un solo impuesto del 20 por ciento a la compra de bienes y servicios para el consumo de las familias, no para la producción de las empresas (inversiones directas), se hubiera recaudado lo mismo que se recaudó con los 14 impuestos distintos que se cobraron.
¿Cuánto más se invertiría directamente en México si no se les cobraran impuestos a las empresas? ¿Qué efectos se tendrían sobre todas las actividades económicas, desde la producción (que aumentaría, y con ella la creación de empleos y la generación de ingresos), hasta el consumo (que, por el aumento en el empleo y el ingreso, también aumentaría)? ¿Y cuánto más no se recaudaría por el aumento en la compra de bienes y servicios para el consumo final? Se generaría un círculo virtuoso.
Continuará.
E-mail: arturodamm@prodigy.net.mx
Twitter: @ArturoDammArnal

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