¿Se preparó a tiempo para la peor crisis financiera?

El coronavirus denominado Covid-19, ha desatado ya la peor crisis financiera global desde 2008, que en ese entonces derivó en la Gran Recesión de 2009. En este espacio hemos insistido en que una recesión global este año sigue prácticamente descartada, pero también, que si la incertidumbre por la nueva enfermedad se prolonga hasta el segundo trimestre y más allá, estaríamos a las puertas de una nueva Gran Recesión en 2021.

Una crisis es un punto rápido de quiebre, cargado de volatilidad y turbulencia que se manifiesta con altibajos en los mercados.

Una recesión económica, en cambio, tiene varias definiciones según las diferentes ópticas y opiniones de los académicos que las estudian. Sin embargo, en general podemos decir que una recesión puede o no ser efecto de una crisis financiera, pero que siempre implica la existencia de un ciclo de contracción de la producción de bienes y servicios, con efectos negativos en otros mercados como el laboral.

Por eso, mientras que una crisis financiera es sentida de primera mano por unos cuantos inversores, mientras la mayoría de la población la ve de lejos, una recesión es padecida por la mayoría de las personas de un país, sea inversor o no.

En este sentido, desde la aludida Gran Recesión, Estados Unidos -la economía más grande e importante del planeta- ha experimentado su racha de crecimiento más larga sin recesión de que se tenga registro. Esto así lo reportamos en este boletín Top Money Report, adelantando que tarde o temprano, vendría la caída. Justo por eso, en tiempos de relativa calma, hicimos llamados permanentes a la compra de activos refugio que serían útiles entonces, pero mucho más en una etapa crítica, que ya llegó.

La escalada no vista en muchos años que ha tenido el oro en 2020, lo mismo que el disparo del tipo de cambio del peso mexicano frente al dólar por encima de las 20 unidades, son simples indicios de la desesperada búsqueda de refugios financieros por parte de atemorizados inversionistas.

Los efectos de la oferta y la demanda se notan más en épocas de turbulencia: se vende en masa el peso y cualquier activo considerado de alto riesgo, caen de precio, y la demanda de dólar, oro, y otros activos de protección, catapulta al alza sus cotizaciones.

La lección es muy clara: el momento de prepararse construyendo un refugio sólido para cuando llegue la tormenta, es en tiempos de calma, no cuando la lluvia y los vientos huracanados se comienzan a sentir. ¡Para entonces ya es demasiado tarde!

Dicho esto: ¿ya no queda nada por hacer en materia financiera? De hecho, queda mucho.

A juzgar por el pánico que sigue generando la propagación del coronavirus por todas latitudes, ya no se descarta que lo peor de esta debacle esté apenas por venir.

Pero ¿es racional y justificado el miedo al Covid-19? Seguro que no, pero eso pasa a segundo término cuando lo que verdaderamente mueve a los seres humanos y sus decisiones, son las emociones. Súmele a eso que el miedo es quizá la más poderosa y peligrosa de todas ellas, y tiene todos los ingredientes que necesita para que de aquí en adelante todo pueda empeorar.

Por eso le digo que si la incertidumbre dura más allá del segundo trimestre, entonces una recesión en 2021, quizá una nueva Gran Recesión, sería inevitable.

¿Es entonces hora de sumarse a la estampida de “lemmings” y vender hasta la camisa ante el temor de una depreciación cambiaria abrupta, inflación y derrumbe de las bolsas de valores? No lo creo.

Incluso si lo paralizó la “enfermedad” financiera que hemos llamado la “parálisis del inversionista”, no es hora de tratar de recuperar el tiempo perdido, sino de actuar de forma disciplinada apegándose a una estrategia que ha probado una y otra vez su éxito.

La “parálisis del inversionista” es el curioso fenómeno que su servidor como analista y asesor financiero ha observado a lo largo de su carrera, consistente en la falta de acción de una persona tras haber recibido la orientación y análisis adecuados para saber en qué invertir.

Sí. Cuando un inversor ya sabe qué, cómo, cuándo y dónde comprar los instrumentos financieros que necesita para alcanzar sus objetivos y metas de corto, mediano y largo plazos, pero decide no hacer nada, está siendo víctima de la “parálisis del inversionista”

Su miedo es tan grande, que se quedan esperando el “momento adecuado” para entrar en acción, anhelando que, de preferencia, alguien más lo haga por él.

No está mal sentir miedo, lo que está mal, es dejar que nos impida salvarnos a tiempo a nosotros mismos o a nuestro patrimonio.

Por eso, sea que haya empezado a tiempo o apenas lo vaya a hacer, la estrategia que mejor le podemos recomendar es la de comprar periódicamente activos refugio.

Es tarde, pero no demasiado tarde desde una perspectiva de largo plazo.

Si por ejemplo antes no compró dólares con sus pesos, ni oro, ni plata, etc., y por el momento piensa que es mejor esperar “hasta que vuelvan a bajar” para “ahora sí comprar”, le aseguro que ni hoy ni después hará nada.

Por favor, no espere, y apéguese a la siguiente estrategia: haga el registro en papel o en Excel de todo el capital financiero de su cartera. Este es el dinero que va a dedicar a invertir. OJO: no es todo su valor neto, o sea su patrimonio, sino sólo la parte que dedicará a inversiones financieras.

Parece un paso obvio pero, se sorprendería cuántas personas ni siquiera saben bien a bien cuánto ni en qué lo tienen.

El siguiente paso es comenzar a comprar. No hay recetas universalmente válidas, ni para siempre, pero sí recomendaciones generales que debe tomar en cuenta: es indispensable que haga una diversificación entre instrumentos de mayor y de menor riesgo, así como entre activos a comprar para especular con ganancia de corto plazo, e inversiones en valor a mediano y largo plazos.

Por eso el oro debe ser su columna vertebral: es una materia prima tangible que nunca perderá su valor, ni puede desaparecer de un plumazo. Cuando se tiene en físico, no tiene riesgo de contraparte, es decir, carece de riesgo de incumplimiento porque ningún deudor nos lo debe. Posee un valor que las personas le dan, y que es imposible que lo pierda.

Piense en monedas como el peso: ¿es imposible que pierda valor? Todo lo contrario: de manera constante está perdiendo poder de compra que se manifiesta en la inflación, y en la tendencia del dólar a siempre terminar subiendo de precio.

Si no le gusta o no puede adquirir oro en monedas, barras o lingotes, ahí están los Fondos Cotizados (ETFs) como el IAU o el GLD, que le ayudarán a tener exposición al metal de una manera sencilla, si bien, nada puede sustituir al oro físico.




Sume a su lista de activos a adquirir en efectivo o en cuenta bancaria en el extranjero, divisas fuertes como el dólar, el euro, el yen y el franco suizo. También por supuesto, plata en físico o ETFs como el SLV, ETFs de índices bursátiles estadounidenses como el SPY, de acciones mineras de oro como el GDX, y por supuesto, bitcoin.

Para todos los instrumentos aquí mencionados, recomendamos la técnica de comprar cíclicas, disciplinadas y periódicas, sin fijarse en si el precio ha estado subiendo, bajando o ha permanecido estable. De verdad. Por favor NUNCA trate de adivinar el “mejor precio”, “el más bajo”, pues las probabilidades de que sea usted ese “elegido” que compró en el piso del mercado, son casi nulas.

Esta estrategia repito, ha probado su efectividad y éxito una y otra vez, y no va a fallar ahora. Si más adelante estos activos se abaratan más, qué bueno, porque las perspectivas para todos ellos en el largo plazo son, por sus fundamentos, MUY alcistas.

No podrían ser de otra forma, en un mundo en el que la emisión permanente de deuda sin control, sigue siendo la constante, y la parte “fea” de las deudas, es que tarde o temprano se tienen que pagar.




Atrás ha quedado el punto de “no retorno”, y por eso, la única (falsa) salida que conocen los banqueros centrales para tratar de revivir una economía en problemas y enferma de exceso de deuda, es más emisión de deuda y baja de tipos de interés.

En ese contexto, activos tangibles como metales preciosos, dinero en efectivo (no en cuentas de bancos que pueden quebrar) y monedas virtuales inconfiscables como el bitcoin, seguirán siendo objeto de una alta y creciente demanda, que como ya se está viendo por la crisis del coronavirus, puede llegar a ser tan alta y desesperada, que tarde o temprano los terminará inflando en una burbuja, la más grande de la historia.

Cuando estemos llegando a esa fase, la recomendación que les haremos cambiará, y será momento de empezar a vender y comprar la siguiente gran oportunidad, dondequiera que se encuentre. El ciclo de la vida de la inversión, se habrá cumplido.

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