¿Y POR QUÉ SE DESPLOMAN EL ORO Y LA PLATA? Parte II

En la primera parte de esta entrega, abordamos las causas exógenas de las caídas tan pronunciadas que hemos observado en los mercados de oro y plata durante los últimos meses.
Ahora es turno de llegar a la sustancia, a la causa de las causas que explica cómo y por qué, durante años, sus precios han permanecido artificialmente deprimidos.
De entrada es justo recordar que, para que un mercado auténtico exista, tiene que ser libre. Esto es así, pues en el intercambio de cualquier tipo de bienes o servicios, y por tanto, en el establecimiento de sus precios, no debe mediar más que la voluntad expresa de las partes, el mutuo acuerdo sujeto a las fuerzas de oferta y demanda.
En este entendido, cualquier intervención exógena –peor aún si esta es gubernamental, que pretenda imponer condiciones, límites, precios, etc., no solo coarta la libertad de los que en él participan, sino que además terminará por degenerar en una artera distorsión con consecuencias insospechadas para todos: individuos, empresas y por supuesto en la provisión de las mercancías afectadas. El caos.
La evidencia histórica nos demuestra cuán desastroso es el final para aquellos casos en que el mercado libre es violado, pues sus colosales fuerzas siempre terminan por imperar, y el castigo para los responsables es proporcional al tamaño y período de la manipulación.
Ahora bien, oro y plata son dos “materias primas” que resaltan de entre las demás por sus cualidades monetarias. Ambas, cumplen con todas las funciones del dinero, y por tanto, lo son por antonomasia. Por cierto, uno elegido por la espontaneidad de la propia acción humana, que explica por qué lo han sido en todos los rincones del planeta a lo largo de los tiempos.
Es justo por esa incómoda condición y la de ser un dinero que por su naturaleza es finito, que los emisores y principales beneficiarios de otro “infinito”, el dinero fíat (el creado en papel o como dígitos en computadoras), se han enfrascado en una oscura guerra sin cuartel para mantener oprimida a la dupla de metales preciosos, a niveles en los que no estarían en un mercado de verdad. El móvil de este artilugio es entonces, no solo económico, sino también político.
La razón es clara: la cotización del oro, y en cierta medida la de la plata, es el indicador inequívoco de la devaluación del dinero fíat que, luego de agosto de 1971 –cuando se abandonó el patrón oro, tiene como eje de su modelo global al dólar estadounidense. Al menos así lo es en condiciones de mercado libre, que quieren evitar a toda costa, pues la corrupción de ese orden basado en la expansión ad infinitum del crédito, y por ende de la creación monetaria, pretende ser llevada hasta sus últimas consecuencias. Los beneficios que han obtenido, bien lo valen para ellos.
La herramienta principal en este ardid han sido los derivados financieros y el sistema de reserva fraccionario de los Bullion Banks (bancos especializados en metales preciosos), capaz de generar una falsa sensación de sobre oferta, que rebasa por mucho las existencias físicas. Dicho mecanismo en esencia consiste en la posibilidad de vender o prestar con interés varias veces un mismo lote de oro, a costa de todos los clientes que al no demandar la entrega material, se sienten simultáneamente propietarios de los mismos lingotes. En otras palabras, se auto dotan del poder de crear “oro” papel.
Jeff Christian, especialista de CPM Group, grupo especializado en materias primas y apologista del sistema fraccionario, ha declarado ante instancias oficiales de Estados Unidos, que: “los metales preciosos […] son intercambiados en múltiplos de cien veces su respaldo en físico”.
Por su parte, bancos centrales y privados tampoco dejan solos a ambos metales, pues son conocidos sus esfuerzos por manipular y/o “moderar” su sintomática alza. Los primeros, como ya se dijo, para no evidenciar la caída descomunal en el valor de sus divisas, y los segundos, para obtener utilidades prontas producto de su juego intencional con operaciones de derivados.
Una historia conocida ahora que se ha destapado la cloaca del escándalo del Líbor, pero de alcances todavía mayores. Tanto, que hace parecer a los manipuladores de ese tipo de interés como simples “niños traviesos”.
En esta trama juegan un papel principal las coordinadas ventas “en corto” (short selling) por parte de grandes corporaciones financieras de la talla de JP Morgan. Esas y otras acciones sospechosas han llevado a la CFTC (órgano regulador estadounidense) a conducir una investigación sobre una “potencial” manipulación del mercado de la plata, que no obstante ha tomado cuatro años sin llegar a conclusiones definitivas. Se espera que dicha indagatoria publique sus resultados en septiembre u octubre próximos.
Pese a ello, no se tienen muchas esperanzas de que se acabe con este fraude en el corto plazo, pues como han acusado voces autorizadas como la del especialista Ted Butler (http://bit.ly/NXIm8c), la propia CFTC podría estar jugando del lado de los señalados.
Dicho lo anterior, queda claro oro y plata tienen un largo trecho alcista por recorrer, lo mismo que todos nosotros en nuestro camino por exigir transparencia en los mercados. No podemos soslayar que esa batalla, es un frente más en una lucha mucho mayor y permanente: la lucha, por nuestra libertad.

E-mail: inteligenciafinancieraglobal@gmail.com

@memobarba

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