Alza de tasas y la próxima gran crisis

A diez años recién cumplidos de la quiebra de Lehman Brothers, que detonó una crisis financiera que se convirtió en la Gran Recesión global, los medios y analistas se preguntan de dónde vendrá la próxima debacle económica, y para ello, buscan algunas de sus señales y posibles consecuencias.
Hemos señalado con insistencia en este espacio, que la gran acumulación de deuda soberana y de los corporativos -que ya asciende a más del 300% del Producto Interno Bruto mundial-, será la razón fundamental de la próxima crisis financiera, cuyos alcances serán más profundos que en 2008.
Paradójicamente, el causante principal es el banco central que hizo todo lo posible para que el desastre fuera ‘menor’: La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos (con la inyección masiva de liquidez que realizó con su progama de ‘flexibilización cuantitativa’ y depresión artifical de los tipos de interés).




No se ha entendido todavía que un problema de exceso de deuda, consumo y crédito, no puede resolverse con más de lo mismo. El problema después del ‘cañonazo’ de crédito, sólo se agrava.
En fin. El punto es que el banco central norteamericano está ahora en un ciclo alcista desde 2015 y subió las tasas de interés por tercer vez este año, para dejarla entre 2.00 y 2.25%.
Precisamente, en 2018 se puede ver que los costos de la deuda se incrementen de manera muy sensible para las empresas, y sobre esto abunda un reporte reciente del poderoso banco Goldman Sachs.
“Vimos evidencia de esto durante la temporada de reportes del segundo trimestre, donde varias compañías citaron un mayor gasto por intereses como un viento en contra para las ganancias”.
De acuerdo con esa institución, hay más de 1.3 billones (millones de millones) de dólares de deuda con cobertura no financiera con vencimiento en 2020, aproximadamente el 20% de la deuda total pendiente.




“Lo que ahora es diferente, a medida que las tasas finalmente suben, es que conforme venza esta deuda, es poco probable que las empresas puedan reducir (sus créditos) a tasas más bajas de lo que actualmente pagan”, comenta Goldman Sachs.
Otra señal que da ese banco está en el porcentaje de las empresas altamente apalancadas (es decir, dos veces la deuda neta en relación con el EBITDA) que casi se ha duplicado respecto de los niveles de 2007.
Recordemos que el EBITDA se refiere a las ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización. Esto significa que muchas empresas se están endeudando más rápido de lo que crecen sus ingresos.
Además, Goldman Sachs indica que el número de empresas en una posición de efectivo neto ha disminuido precipitadamente a solo 15% hoy en día frente al 25% del periodo 2006-2014.
Por si fuera poco, actualmente hay dos billones (millones de millones) de dólares en bonos no financieros calificados con BBB, la calificación más baja de grado de inversión, según sus estimaciones.
Goldman reconoce que un riesgo inminente de una ola de bajadas de calificación crediticia es bajo, pero advierte que el mercado podría estar pasando por alto el importante costo subyacente de los riesgos de capital y financiero (alto apalancamiento, baja cobertura) para ciertos emisores.
Dicho de otro modo, hay una bomba que quizá no esté a punto de explotar, pero que tarde o temprano lo hará.
Seguimos manteniendo nuestro pronóstico de que una nueva recesión será ese detonante de la ‘bomba’, que podría llegar quizá en un par de años. Como no puede saberse con certeza, es mejor tomar previsiones.
Como vimos en 2008, las calificadoras crediticias van siempre tarde y cuando califiquen mucha de esa deuda como basura, será cuando las señales resulten demasiado evidentes.
Algunos mercados ya comienzan a sentir los efectos de las mayores tasas, como los emergentes, incluyendo a México.
Por cierto, aquí también se percibe cómo los créditos ahora son mucho más caros que, por ejemplo, hace un par de años. Si no me cree, revise el Costo Anual Total (CAT) de varias tarjetas de crédito que ya rebasa tasas del 100 por ciento en algunos casos o las mensualidades para la compra de vehículos, que no dejan de subir.
Sin embargo, lo cierto es que a Banco de México, (Banxico) no le queda de otra que seguirle los pasos a la Fed, o de lo contrario, la presión sobre el peso podría agravarse.
Sí, estamos en un callejón sin salida, y para no empeorarlo, el gobierno entrante de López Obrador tendrá que apegarse a la disciplina fiscal. Algunos pensamos que es cuestión de tiempo para que las manos del gasto se le suelten, por lo que lo mejor es anticiparse a esos acontecimientos, tomar posiciones financieras defensivas, para cuando llegue la crisis, no ser parte del grupo permanente de los que siempre salen perdiendo.
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