Cuenta regresiva para la recesión

El pasado 22 de marzo ocurrió una señal (casi) inequívoca de que una recesión económica en Estados Unidos está en camino. Los rendimientos a tres meses de los bonos del Tesoro de EU aumentaron brevemente por encima de los bonos a diez años. Esto no había ocurrido desde 2007, antes de que llegara la crisis económica de 2008 y la Gran Recesión global de 2009.
Los rendimientos de los bonos a tres meses llegaron a estar en 2.47% mientras que los de diez años en 2.33%, es decir, se invirtieron las curvas de rendimiento, por lo que el bono a corto plazo llegó a ofrecer más intereses que el de largo plazo, como consecuencia del alza de precio de estos últimos. La razón por la que ocurrió esto es que los inversionistas tienen cada vez menos confianza en el crecimiento de Estados Unidos y por eso ocurre esta anomalía (o advertencia) en el mercado. El miedo hace que los inversores busquen “protegerse” adquiriendo bonos de mayor largo plazo que ofrecen más rendimientos, los compran más caros, y con ello, sus tasas de rendimientos bajan, y los que se abaratan, lo de menor plazo, pagan más. Una inversión de la curva de rendimientos que dice mucho.
Decimos que este es un indicador importante porque los rendimientos inversos entre los bonos de tres meses y diez años han ocurrido antes de que llegue una recesión en EU. Esta gráfica, cortesía de Bloomberg, muestra cómo se presentaron estas eventualidades en los años 1989, 2000 y 2006, precediendo a las recesiones de 1990, 2001 y 2008.

En los últimos 50 años, en las seis ocasiones que los rendimientos de los bonos a tres meses rebasaron a los de diez años, invariablemente ha ocurrido una recesión, y esta vez no será diferente. Bloomberg calcula que esta fase de los ciclos económicos inicia 311 días después de la señal en el mercado. De esta manera, la próxima recesión comenzaría en la primera mitad del año 2020, en línea con nuestros pronósticos del año pasado de una recesión durante este año o el siguiente.
Y este signo adverso no fue ignorado por los mercados accionarios: el índice S&P 500 cayó más del 2% en su sesión del viernes 22. Dos días antes, el presidente de la Reserva Federal (Fed) de EU, Jerome Powell, tiró la toalla y dijo que no incrementarán las tasas de interés en lo que resta de 2019 (ya se daba por descontado esto). El plan original del banco central era aumentar los tipos de interés para tener espacio de maniobra ante el próximo choque económico, pero con una recesión a la vuelta de la esquina, esto ya no será posible. Ahora es más probable que llegue una baja de tipos, que una alza, tanto en EU como en México.
Recordemos que una recesión, en su definición más popular (y convenenciera para los políticos), se caracteriza por dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. Estas fases han ocurrido y seguirán ocurriendo en la historia, el problema está en que los gobiernos, por cuestiones políticas, tratan de retrasar la llegada de estas recesiones impulsando artificialmente el crecimiento gastando de más. Mentalidad económica keynesiana que no ayuda a resolver nada de fondo sino que agrava el problema con más deuda.
Como quiera, estamos ante el fin del ciclo de expansión económica más largo desde la Segunda Guerra Mundial debido a las inyecciones masivas de liquidez hechas por la Fed.
En 2017, el gobierno de Donald Trump quiso dar otro impulso y presentó una reforma fiscal incompleta, pues recortó la tasa de impuesto a los corporativos, pero no redujo el gasto público y, para compensar el boquete de ingresos, el gobierno se financia con más deuda pública. A estas alturas, el efecto positivo por las bajas en impuestos ya se diluyó y no quedan más estímulos para posponer lo inevitable.




Así inicia la cuenta regresiva para una recesión en Estados Unidos que afectará a todo el mundo, pero que ya comienza a sentirse en México. Aquella economía representa alrededor de una cuarta parte del PIB mundial. Los principales afectados serán los países cuyas ventas al exterior dependen del mercado norteamericano, hablamos de China, Alemania, Canadá y, por supuesto, México. EU es el destino del 14% de las exportaciones totales en el mundo, pero de más del 80% de las exportaciones mexicanas.
Y el resto del orbe está mal o peor que EU.
China, por ejemplo, tuvo en 2018 el peor crecimiento en 30 años y probablemente ya está en recesión, aunque su gobierno no lo admita.
En Europa, Italia ya está oficialmente en recesión; en Alemania ya hay signos de desaceleración; en Reino Unido sigue la incertidumbre por el Brexit, mientras que en México tenemos las políticas erradas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y la bomba de tiempo llamada Pemex, que sí o sí va a explotar y a hacer estallar una gran crisis en nuestro país.
A todo esto hay que agregar a la que será la madre de todas las burbujas: la deuda. El dinero artificialmente barato hizo que los gobiernos, empresas y consumidores tomaran financiamiento y cuando la Fed comenzó a subir las tasas en diciembre de 2015, muchos sintieron la soga en el cuello. Con una nueva recesión, habrá más entidades ahorcadas por la deuda, y difícilmente podrán endeudarse más a pesar de la baja de tasas de interés.




Por si fuera poco, esta gran crisis traerá sin duda más conflictos geopolíticos. La desestabilización económica será aprovechada por muchos actores internos y externos para cambiar el mapamundi del poder global, arriesgando incluso nuevas grandes guerras.
Como decíamos, el problema de fondo no es que haya una recesión, sino que la irracionalidad económica de los bancos centrales y los gobiernos la estuvieron retrasando solamente para ganar tiempo en términos políticos.
Lo único que lograron es que las consecuencias de la próxima gran crisis sean más profundas que la anterior.
Nosotros habremos de sacar provecho, con lo que renovamos nuestra recomendación de compra de acciones de empresas de armamento, y la minimización de ahorros e inversiones en pesos o culaquier moneda de países emergentes. El euro y hasta la libra esterlina, por las presiones sobre sus paridades cambiarias con el dólar, también serán una buena inversión, bastante rentable a futuro. Hay que comprar.

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