¿Es hora de alejarse del peso (y de México)?

Esta semana, Morgan Stanley recomendó tomar ganancia sobre activos mexicanos y cerrar posiciones largas (alcistas). En español, recomendó a los inversores vender todo y salirse de México, para el que ve un oscuro panorama. Así de claro. Y no podríamos estar más de acuerdo.
De hecho, lo significativo y relevante no es que una institución tan influyente como Morgan Stanley lo diga, sino que por lo general, cuando las grandes calificadoras, bancos y medios predominantes empiezan a tocar este tipo de temas de manera abierta, es porque una coyuntura muy fuerte está cada vez más cerca y es inevitable. A veces incluso ya es demasiado tarde. Por fortuna, no es todavía el caso.
Sin embargo, lo cierto es que en nuestro boletín Top Money Report, llevamos meses recomendando a nuestros suscriptores que minimicen sus tenencias de pesos mexicanos para buscar refugios más seguros. Asimismo, les hemos sugerido inversiones en activos que no sólo no sufrirían con una crisis como la que viene para México, sino que son apuestas que prometen altas ganancias cuando dicha crisis llegue. Así es el mundo de las inversiones: para quien lo sabe aprovechar, las crisis son momentos de grandes transferencias de riqueza, de los desprevenidos, hacia aquellos que tomaron previsiones.
No es que tengamos una bola de cristal nosotros como editores del boletín, pero llevamos toda nuestra carrera profesional dedicados al estudio de la economía, de los mercados, de la creación de riqueza, de las causas y efectos de las crisis, de los ciclos, etc.
La historia demuestra con un grado de 100 por ciento de certeza, que a mayor grado de control sobre la economía por parte del gobierno, más graves serán los efectos como altos precios, escasez, desplome de la producción, del empleo, y en niveles extremos, una depauperización generalizada de toda la población.
Venezuela y Cuba son sólo dos ejemplos latinoamericanos muy cercanos y recientes, pero donde quiera que se haya aplicado la receta del centralismo/intervencionismo, los resultados son idénticos, aquí y en China.
Debido a ello, y dado que al gobierno de México ha llegado una corriente centralista e intervencionista como la que ya vivimos durante la mayor parte del siglo XX, no se necesitaba dominar el arte de la adivinación o tener poderes sobrenaturales, para predecir que la economía iría -como ha ido hasta el momento- de mal en peor.




De hecho, el crecimiento del país durante el primer año de López Obrador, ha sido CERO. Este se ha presentado a pesar de un crecimiento de la economía estadounidense, que suele ser uno de nuestros principales motores, y que vive aún el ciclo más largo sin recesión de toda su historia.
De manera que ha sido tan desalentador este primer año de gobierno, que ni siquiera el dinamismo de nuestro principal socio comercial ha sido suficiente para “jalarnos”.
Es en este contexto que le recomendamos salirse de plano del peso, y en su momento, incluso le sugerimos considerar en un “Plan B”, pensar alternativas de migración a otras naciones en caso extremo. No es lo deseable, pero nuestra filosofía es la de estar siempre preparados para lo peor, esperando lo mejor.
Pese al optimismo oficial de la mal llamada “4T”, el panorama sigue deteriorándose. Lo de Morgan Stanley es sólo la señal más reciente, y como le digo, sólo augura una coyuntura negativa que cada vez está más cerca. Cuando ya no quede nadie que no vea el desastre que se está gestando, ya será demasiado tarde para la gran mayoría.




Morgan Stanley por ejemplo, especifica que hay que abandonar el peso, las tasas, los bonos de Pemex, etc., pues el riesgo de pérdida es mayor que la promesa de sus rendimentos. Dice que las posibilidades de errores en políticas públicas son elevadas, y por tanto, es improbable que mejore el crecimiento. Estamos de acuerdo.
A decir verdad, las malas decisiones -que iniciaron con la cancelación del NAIM de Texcoco-, se siguen multiplicando con la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, del Tren Maya y de la refinería de Dos Bocas, el “salvamento” de Pemex; todos, caprichos presidenciales que son financieramente inviables y que ocasionarán pérdidas a la economía mexicana en general, y a las finanzas públicas en particular.
Esto es tan obvio ya, que aquí le hemos advertido que una degradación de la nota crediticia de México a grado de “basura” es inevitable. Da igual cuál de las tres principales calificadoras -Moodys’, Standard and Poor’s o Fitch- dé el primer paso; cuando suceda, las otras dos le seguirán casi de inmediato, y con la fragilidad financiera del país, no es descartable una estampida que genere pánico creciente como bola de nieve.
Si y cuando esto pase, el tipo de cambio puede escalar de forma abrupta por encima de los 20 pesos e incluso el máximo histórico de las 22 unidades, será dejado atrás.

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